22 de Julio de 1797. Desde la Punta de Anaga al Norte de la isla se avistan varios buques ingleses que toman posiciones ante Santa Cruz. Nelson sabía que al Norte de lo que entonces se conocía como el lugar de Santa Cruz estaba la fortaleza de Paso Alto, que con sus 16 cañones y 87 artilleros era una posición defensiva muy importante, pues impedía que los barcos enemigos se acercaran a la costa. Por ello pensó que sería más conveniente desembarcar por la zona del Bufadero y montaña de La Jurada, cerca del barranco y alturas de Valleseco, que se podían dominar con facilidad para después bajar desde ellas, atacar de revés al Cascillo de Paso Alto y dominar la plaza.

Media mañana del día 22. Casi 900 hombres llegaron en las lanchas de desembarco inglesas a las cercanías del barranco. Tras desembarcar subieron la montaña de la Jurada, se encontraron con unos barrancos que no conocían y con los soldados y voluntarios tinerfeños que, siguiendo el plan previsto, acudieron con rapidez y ocuparon las alturas de Paso Alto, obligando a los ingleses a retroceder, reembarcar en sus lanchas y volver a sus buques.

Día 23. Fue una jornada de calma. Nelson reúne en la nave capitana a sus oficiales y estudia con ellos un nuevo plan de ataque. E1 Comandance General español Antonio Gutiérrez, de acuerdo con el plan de defensa que había preparado tan cuidadosamente, fue reuniendo en Santa Cruz a las tropas regulares, las Milicias de Canarias y a los voluntarios, distribuyéndolos en la mejor forma para resistir el ataque del enemigo. El Contraalmirante Nelson iba a atacar la ciudad y preparó el siguiente ultimátum: “Si rehusáis mis condiciones, todos los horrores de la guerra que recaerán sobre los moradores de Tenerife serán imputados por el mundo a vos, a vos únicamente, pues destruiré a Santa Cruz y las demás plazas de las Islas por medio de un bombardeo, exigiendo además una fuerte y pesada contribución”. Dicho ultimátum nunca llegó a conocimiento de la Plaza.

24 de Julio de 1797. Los ingleses comienzan un intenso bombardeo contra el Castillo de Paso Alto, el cual respondió al fuego con eficacia. Los tinerfeños, con el General Gutiérrez al frente, no cayeron en la trampa que les preparaba Nelson, acertaron al pensar que el propósito del marino inglés era engañar así a los defensores y atacar la población por el centro aprovechando el pequeño desembarcadero y la playa cercana al Castillo de San Cristóbal, fortaleza principal, desde la que el General Gutiérrez dirigía las operaciones. La escuadra inglesa estaba formada por cuatro navíos de alto bordo, Theseus, nave capitana, mandada por Ralph Miller en la que Nelson enarbolaba su insignia; Culloden, bajo el mando de Thomas Troubridge; Zealous, con Samuel Hood al frente; y Leander, que se unió a la flota el mismo dia 24 y mandaba Thomas Thompson. A estos grandes buques acompañaban las fragatas ligeras Seahorse o Caballito de Mar, cuyo capitán era Thomas Fremantle; Emerald, cuya bandera de combate se encuentra hoy en el Museo Militar,mandada por Thomas M. Waller; Terpsichore, mandada por Richard Bowen; y además, un buque rápido, el Cutter Fox, con John Gibson al frente y una bombarda española que habían capturado en Cádiz con Compton de jefe, en total, 393 cañones. Las fortalezas españolas, situadas a lo largo de la costa, eran, entre castillos, fortines y reductos, dieciséis, las principales: San Andrés, Paso Alto, San Miguel, San Pedro, Santiago, el castillo de San Cristóbal y la batería del Muelle, y al Sur, pasando las playas de La Aduana y La Caleta y el Barranco de las Carnicerías, las de la Concepción, San Telmo y San Juan. Entre todas montaban 96 cañones servidos por 387 artilleros.

Nelson, tras el fracaso anrerior, preparó un nuevo plan basado en la sorpresa de un ataque nocturno y, con el mayor sigilo, coger de improviso a los defensores de Santa Cruz. Las lanchas de desembarco no llevarían luz alguna y sus remos se cubrirían con trapos para evitar el ruido. Todas ellas se concentrarían en un punto determinado: la playita y el desembarcadero cercanos al castillo de San Cristóbal.

11 de la noche del día 24 de Julio. Las lanchas inglesas, con unos mil hombres de desembarco, se acercan silenciosamente al lugar previsto, lejos de Paso Alto, pero su presencia fue notada desde un barco español: “al muelle, barcos al muelle”, gritó el vigía. El efecto sorpresa quedó roto; todos los castillos comenzaron un violento cañoneo y las tropas acudieron a los puestos que tenían asignados para la defensa.

EI desembarco había comenzado a las dos y cuarto de la madrugada del día 25. Los ingleses, tras conseguir apoderarse de la batería del muelle cuyos cañones inutilizaron clavándolos, intentaron acercarse al Castillo de San Cristóbal, pero como la zona de desembarco era reducida se produjo una acumulación de atacantes que facilitó que los disparos de las tropas españolas alcanzaran a muchos de ellos. En el tiroteo, una bala alcanzó al Capitán Richard Bowen, que murió en el acto, víctima de múltiples impactos de metralla. Casi al mismo tiempo, el Cutter Fox, barco de gran calado y por lo tanto no apto para acercarse a la playa, escoltaba a las lanchas cuando recibió un cañonazo por debajo de la línea de flotación que lo hundió rápidamente con su Capitán Gibson, sus 180 tripulantes, pólvora, víveres y material de asalto.

A pesar de esta catástrofe y de la resistencia española, los ingleses proseguían su ataque alentados por su jefe el Contraalmirante Nelson que llegaba en una lancha… Cuando se disponía a pisar tierra tinerfeña y sacaba la espada para animar a sus soldados, la metralla de un disparo de cañón, que se asegura tradicionalmente fue disparado por el cañón El Tigre, emplazado poco antes previsoramente en una tronera desde la que se batía el muelle, le alcanzó en el brazo derecho. Trasladado Nelson al Theseus, un cirujano se lo cortó a la altura del codo. Con la pérdida de Nelson, Bowen y otros oficiales, los ingleses se quedan sin jefes que dirigieran sus operaciones.

El intento de apoderarse del Castillo había fracasado; algunas lanchas enemigas fueron arrastradas por las corrientes hasta las playas de La Caleta y La Aduana; otras, hasta el barranco de Santos o de las Carnicerías. Todavía era de noche y los ingleses, desorientados y dispersos, formaron dos grupos que fueron cada uno por su cuenta. El que mandaba el capitán Troubridge subió por las calles de La Caleta, El Sol y Las Tiendas y logró llegar a la parte alta de la Plaza de la Pila, donde permaneció en silencio en espera de recibir socorro y confiando en que sus compañeros conquistarían el Castillo. Mientras tanto Troubridge envió a Gutiérrez mensajeros exigiendo la rendición, a lo que se negó el General; el otro grupo, mandado por el Capitán Samuel Hood, se dirigió a la iglesia de la Concepción, avanzando a través de la Plaza de la Iglesia, la calle de Santo Domingo y la calle de la Noria, y llegando algo más arriba tomó sin resistencia de los Frailes el convento de Santo Domingo pero quedó bloqueado por los soldados españoles. Ya amanecía, y los ingleses confiaban, lo mismo que el otro grupo de Troubridge, que los vinieran a auxiliar, pero las lanchas que les enviaron desde los barcos fueron cañoneadas por los tinerfeños y obligadas a huir o hundidas. Las que habían quedado varadas en las playas, fueron destrozadas por mujeres y niños de Santa Cruz, y en estas circunstancias Hood envió a Guciérrez bandera blanca. Comenzaron los trámites de la rendición en cuyas condiciones tal vez se mostró el General español demasiado generoso.

25 de Julio de 1797. Fecha inolvidable para Santa Cruz de Tenerife. Los soldados ingleses, derrotados, formaron en la Plazuela de Sanco Domingo, pasando por la Plaza de la Pila, desfilaron ante sus vencedores y embarcaron en las lanchas españolas que los llevaron a sus barcos. Ese mismo día Troubridge y otros marinos británicos entregan al General Gutiérrez una carta del Contraalmirante Nelson agradeciendo las atenciones con su persona el el resto de los heridos,a la vez que le obsequia con una barrica de cerveza inglesa y un queso. EI General Gutiérrez responde a la carta de Nelson y tras ofrecerle toda su estima y un par de limetones del mejor vino tinerfeño, concluye diciendo:

“Me será de mucha satisfacción tratar personalmente cuando las circunstancias lo permitan a un sujeto de tan dignas y recomendables prendas como vuestra señoría manifiesta, Post data: Recibí y aprecio la cerveza y queso con que vuestra señoria se ha servido favorecerme”.

Las tropas inglesas que participaron en el combate fueron unas 1.500, de las que murieron 146 y quedaron 105 heridos. Por la parte españiola, lucharon más de 1.000 entre tropa y voluntarios y hubo 25 fallecidos y 37 lesionados. Una de las condiciones de la rendición fue que Nelson, al mismo tiempo que se comprometía a no atacar más a las islas Canarias, llevaría a Cádiz una carta del General Gutiérrez, dando noticias de la victoria.

En el escudo de Santa Cruz de Tenerife figuran tres cabezas de león que simbolizan las derrotas sufridas por Inglaterra cuando atacaron la Plaza; Robert Blake en 1657, John Jennings en 1706 y Horacio Nelson en 1797. Esta victoria es la más gloriosa, pues señala el fracaso del más famoso de los marinos ingleses, que dejó en estos mares su brazo. Santa Cruz no la olvida y tampoco a sus héroes: el general Gutiérrez, Juan Bautista de Castro y Ayala, Chirinos, Monteverde, Creagh, Grandy, Power, Madam, los Rozadores, los Reales Cuerpos de Artillería e Ingenieros, el batallón de Canarias, las Milicias, la Bandera de la Habana y Cuba y los valientes voluntarios que con su entusiasmo y esfuerzo consiguieron vencer a la orgullosa marina de Inglaterra.